lunes, 25 de julio de 2011

El puente

Muchas veces lo vi caminando cerca de allí, mirando el agua caer sobre el agua, como si de un espectáculo irrepetible se tratara. Pablo vivía absorto ante la caída de la lluvia sobre el riachuelo que cruzaba nuestro pequeño pueblo, contemplaba el golpear de las gotas sobre el agua, luego miraba el cielo y decía en voz alta "cuando las gotas caen sobre mi cara, forman un meandro". En ese entonces yo no sabía lo que era un meandro, y no me preocupé en buscarlo en el diccionario, luego, muchos años después, supe que era simplemente una curva muy acentuada marcada por el curso de algún río, ¿lo habré visto en algún libro de Ciencias Naturales? ¿O fue por pura casualidad que me encontré con esa palabra? No lo sé, pero cuando leí acerca de los meandros no podía dejar de pensar en el rostro de aquel infeliz, que no vivía para otra cosa que no fuera contemplar el monótono espectáculo de la lluvia.

Hoy ha sido un día lluvioso, he intentado infructuosamente tratar de escribir unas líneas decentes para un artículo sobre lo grotesco en el arte contemporáneo, y lo único que he logrado es ridiculizarme frente a mis cuadernos de notas. Me animé entonces a participar de aquel antiguo ritual del cual yo era espectador en mis años de infancia, decidí salir a ver como caían las gotas de lluvia sobre el agua y he aquí una historia asombrosa acerca del extraño acontecimiento del cual fui testigo y víctima.

Ya dije que hoy llueve, casi constantemente. Tomé un abrigo, me puse un par de botas de caucho (siempre he detestado que mis pies se mojen con el agua inmunda de las calles) y salí a la calle. El frío que hacía era terrible, un viento gélido soplaba del norte y de repente recordé aquel otoño en Bratislava, hace más de diez años me encontraba yo en aquella hermosa ciudad, rodeado del puntual ocre otoñal, cuando un soplo de viento me heló hasta la médula y caí inconsciente al piso, nunca supe la causa de aquel suceso, pero algunos dicen que la fría muerte no sopló con suficiente fuerza y tan sólo logró hacerme caer al suelo, no enterrarme en él. Continúo pues con mi extraordinario relato, del cual quizás algunos se burlarán, pero a este punto muy poco me importan aquellos que dudan de mi cordura o de mis capacidades descriptivas, lo que me sucedió sobre el puente es real, y si Pablo viviera entre nosotros comprobaría la veracidad de mi historia.

Salí entonces de mi casa dando grandes zancadas y en seguida sentí que varios meandros se formaban en mi rostro, medité largamente sobre esto y llegué a la conclusión de que no eran muchos meandros, sino un delta lo que forman las gotas de la lluvia al chocar contra mi cara, un delta que se ve interrumpido por la montaña que describe mi nariz, o por la enorme fosa de mi boca, un delta que a veces surge de la abertura de mis ojos y va dar al estéril piso de mi vejada casa. Crucé por la calle de Los Olmos, yerma como su nombre, infestada de plagas ebrias y nauseabundas, seguí recto y salí a la pequeña avenida que cruza la nueva "ciudad", término inapropiado para una extensión de menos de 20 kilómetros, donde abundan escritores frustrados y prostitutas retiradas. Iba completamente empapado, mirando el gris del cielo a intervalos, probando intermitentemente el fresco sabor de la lluvia y saltando cual niño sobre los charcos. Al fin llegué al ansiado lugar, lucía igual que hace cuarenta años, igual de vejado, parecía una miniatura de un antiguo acueducto romano, y bajo la torrencial lluvia que ahora caía de verdad parecía encontrarme entre ruinas. Así que allí estaba, parado en el mismo lugar donde mi admirado idiota contemplaba caer la lluvia sobre el arroyo, en aquel lugar lo vi por última vez, recuerdo su rostro eufórico y desquiciado a punto de saltar, pero ¿a dónde?.

Puse mis manos sobre el ferroso y oxidado pasamanos del puente, me incliné un poco para ver la corriente pasar y de pronto sentí un leve temblor bajo mis pies, pensé que sería alguna roca que dio contra las bases del pequeño puente e hice caso omiso del pequeño incidente. Llovía a cántaros y no podía siquiera ver los viejos techos del pueblo, oí un estruendo que venía debajo del puente y frente a mí se apareció una extraña criatura, su piel tenía una apariencia gelatinosa y sus ojos casi se salían de sus órbitas, la nariz grande y achatada estaba cubierta de unas extrañas protuberancias negras y en vez de cabello le colgaban largas tiras de lo que parecían algas. No podría describir más a la extraña criatura pues ya nada puedo recordar de nuestro encuentro, después de eso me encontraron tendido en la orilla del arroyo, con la mirada fría, la piel clara (de saber que yo soy una persona de origen afroamericano) y los miembros rígidos. Durante años he intentado encontrar la respuesta al enigma de mi aparición ¿cómo llegué hasta allí? ¿Por qué salté? Aún en el mundo de los muertos intento buscar una explicación razonable al extraño suceso, no recuerdo haber saltado, tampoco que el puente cayera.

Ayer he hablado con Pablo, tampoco él recuerda haber saltado, me contó una historia similar a la mía, me habló de una extraña mujer de apariencia bastante asquerosa, pero él vive en su morada, bajo el agua turbia de aquel antiguo arroyo ¿Será ella la muerte?. Yo en cambio intento en vano razonar sobre lo irrazonable, buscando una explicación a una historia que todos han olvidado. ¿Habré saltado al igual que lo hizo aquel desgraciado? ¿Me habré convertido yo en el mismo espectáculo al que solía asistir? ¿Quién vendrá a por mí a contarme la historia de mi muerte?

Santiago.

Sólo una palabra tuya ha logrado darme dolor.
Es imposible pensar que algún día fuiste parte de mi vida, una gran parte que compartió tanto sus momentos fuertes como sus momentos débiles.
Creo que yo no debí presionar para que todo siguiera igual.
Pero firmemente aseguro que tú en mi también te debiste apoyar.

¿Por qué es para los seres humanos tan dificil entender?
¿Por qué es para los seres humanos tan fácil dejarse llevar?
¿Por qué es para tí, tan consternante fijarte en mis problemas?

Yo tengo la respuesta para la tercera... porque te convertiste en una persona a la que criticaste, de la que hasta te burlaste e inevitablemente cambiaste y junto a tu nueva compañía tú mutaste.
___SnuunpY___
La vida es una frustrante cantidad de decisiones.
No obstante, no debería etiquetarla de esa forma.

Yo creo que mi vida se ha convertido cada vez más pesada y enredada con los años. Una tras otra, una tras otra y una tras otra... a veces creo que me voy a volver loco con tantas decisiones...

Sí, y yo sé que si las nombro podrán decir cosas como: "¡Wow! ¡qué complicado! Cuidado y se te quema el cerebro", Pero no, para los demás les parece sencillo decidir cierto tipo de cosas que para mi son dificiles. Debo admitir que no me considero una persona altamente inteligente, ni mucho menos sabía como para tomar decisiones... de hecho, a veces pienso que yo no debería tomar ninguna decisión en lo absoluto.

Pero pensar que tengo un chico, que quiero a otro, que me gusta uno y que disfruto con dos más (Es hipotético), no me parece una decisión sencilla... hay que decidir... hay que tomar una decisión que podría marcar mi vida... ¿qué pasaría si alguno de esos es el amor de mi vida? y lo rechazo porque alguno de los otros me puede brindar algo que ese no... no sé... creo que eso sería dificil de decidir...

O por ejemplo, pensar en que debo decir todo lo que quiero decir en mi casa, pero al frente de mi hermano pequeño debo cuidar las palabras... eeeh... para mi no es fácil, sobre todo porque siempre he considerado que los niños no deben conocer el tabú, ese veneno que la sociedad impone con tanta fuerza. Pero, ¿cómo hago? Ese niño es muy inteligente, y sabe muchas cosas, y aun así debo restringirme, entonces ahí es cuando pienso: "Debo tomar una decisión" y no lo niego, usualmente tomo la decisión de decir lo que me da la gana.

Supongo que estoy tan enrollado en este momento de mi vida que los aburro con entradas inútiles... pero si alguien se siente identificado, esta entrada no será en vano. (Eso sí, que nadie me aconseje, tampoco soy tan bruto)

___SnuunpY___

sábado, 9 de julio de 2011

Buenas noches mi gente!

Chicos y chicas que se la pasan aquí en el blog disfrutando de cada una de las anécdotas publicadas por ustedes mismos o por algunos de nosotros los administradores, me place informarles que tenemos nueva blogger! INVR, ha escrito ya varios post en conjunto conmigo Kathedcita y tiene su propio blog también(www.ditartdiario.blogspot.com), espero que INVR nos brinde a cada uno de nosotros un aporte para ser mejores, sin mas gracias por todo de nuevo. Su blogger KatheDcita.

Innecesario

Siento que es innecesario decirte las cosas que ya sabes.
Siento que decirte miles de insultos no valdrían la pena si ninguno se adapta a tu descripción.
Siento que es incorrecto tratar de llevarnos bien si siempre todo va a estar mal.
Siento que es inútil tratar de convencerte de que hay una realidad que te busca y que te persigue si tu no estas consiente de lo que vives.
Siento que...hice lo que pude y tu no supiste que hacer contigo.
Tu vida se basa en espejismos del pasado que aun invaden tus pensamientos y mucho mas tu alma, tu alma que ya esta perdida y desconcertada por el destino que le espera.
Yo me voy lejos de ti, a donde no me consigas mas, a donde no supiste llegar, a donde te perdiste por intentar entrar.
KatheDcita.

lunes, 4 de julio de 2011

Unknow

"...Con esta soledad alevosa tranquila, con esta soledad de sagradas goteras de lejanos aullidos de monstruoso silencio de recuerdos al firme de una luna congelada de noche para otros de ojos bien abiertos, con esta soledad inservible vacía se puede algunas veces entender el amor..."
Poeta desconocido.
Kathedcita.

viernes, 1 de julio de 2011

Palabras danzantes

Ayer volvió lo intenso, lo divino, la sensualidad con las que tus palabras juegan con las mías, ese juego de oraciones danzantes, ese juego de palabras delirantes, es como si tus palabras quisieran escapar los limites de la realidad que es totalmente adversa al sentir, van mas allá de una consecuencia, van mas allá de lo que buscan, trasciende ojos que quieren oír, oídos que mueren por hablar y bocas que solo quieren sentir...
KatheDcita!