jueves, 24 de febrero de 2011

Encuentros pt.3

Suena ególatra, lo sé, pero la satisfacción era máxima. Podía sentir tu lengua saboreando cada parte de mi pene. La humedad de la regadera no era nada en comparación a la humedad de tu boca. Fueron minutos de éxtasis.
Mientras me hacías sexo oral, yo acariciaba tu cabello y tu rostro con la punta de mis dedos y con el anverso de mis manos, muy sutilmente, sintiéndote en cada nervio de mi ser. Yo estaba dentro de ti.
Sintiendo cómo se desplazaba ágil tu boca entera sobre mi pene, nuestras ansias de gritar de placer eran fuertes e increíbles. Pero no podíamos, estábamos en un baño, en una casa ajena, haciendo algo indebido... indebido para la dueña de la casa. Pobre, no sabía del placer que se generaba allí.
La forma en que lo hacíamos era la mejor. Te tomé de los cabellos una vez más, separándote de mi miembro. Nunca gritamos, es verdad, pero la respiración era tan fuerte que estoy seguro que en la casa alguien atento podría escucharla.
Nos miramos fijamente, contemplando el brillo del sudor envolviendo nuestros cuerpos. Ya se estaba haciendo notable, muy a pesar de la regadera. De repente te levantaste y fuiste directo a mi boca, besándome como si jamás lo hubieras hecho en tu vida. Rodeaste mi cuello con tus brazos, y yo tu cintura con los míos.
Comencé a bajar mis manos, a tocar tus glúteos... tus glúteos!... y "tocar" es sólo un verbo que no explica bien lo que mis manos hacían. Una mezcla de caricias, rasguños, apretones y tanteo era lo que mis dedos le practicaban a tu hermoso trasero. Aparte, nuestras bocas continuaban su ritual caníbal, y tus manos pasaban fieramente de mi espalda a mis caderas, a mis nalgas, a mis piernas, a mi pene, y la espalda nuevamente.
De repente me detuve, y tú me imitaste. Volví a alejarme de tu rostro para vernos las caras. Ahí estaba de nuevo en tu mirada, tus ojos pidiéndome más. Sin que yo hiciera nada, te volteaste y te viniste hacia mí, tu espalda contra mi pecho, y tus glúteos contra mi pene... ¿Qué querías?... pregunta tonta.... era fácil de entender lo que deseabas en ese momento.
Mis labios comenzaron a explorar tu espalda, y tu deseo aumentó tanto que ya no tenía fin. Lentamente bajé hacia tus caderas, y más. Al llegar a tus glúteos, los acaricié, los besé, los mordí, y los amé, llevando al límite tu éxtasis.
Con mi lengua, fui abriendo un espacio entre tus nalgas y, justo en ese momento, lo toqué. Estabas sintiendo algo que jamás habías sentido. Lo sé. Algo explotó en ti. Algo que te excitó indescriptiblemente. Empezaste a mover tu cintura, con mi rostro adherido a tus nalgas mientras mi lengua acariciaba tu... era, es, y será, una de las cosas más excitantes del mundo. Luego, mis dedos entraron en juego.
Separé la cara de tus glúteos para ver la maravilla que tenía frente a mí, que acababa de deleitarme. Mientras, mis manos circundaron tus nalgas y, con extrema suavidad, cruzaron cuan larga era la línea de tu exquisito trasero. Cada que mis dedos cruzaban, los movimientos espasmódicos de tu cuerpo te delataban. Me fui acercando al centro de la maravilla, y mis dedos se deslizaron sobre él.
El dedo medio de mi mano izquierda fue el encargado de tocar tu real sexo, de entrar poco a poco. La punta, y salía... entrar y salir... entrar y salir... ejercicio perverso y celestial. Paradoja del deseo y la pasión.
Si alguna vez consigo la palabra adecuada para describir tus murmullos y tu cara en aquel momento, ese día sabré que fui feliz y que estaré muriendo, pero por ahora, sólo puedo comentar que era de otro mundo lo que de tu boca salía y lo que tu entero rostro reflejaba...

Encuentros pt.2

te acercaste a mi cara nuevamente, todo tu cuerpo contigo, rozando el mío en pos de un nivel aún mayor de excitación. Más y más, casi sin querer, sin procedimientos, sin excusas, para hacerme entender lo que querías.
Tus manos traviesas hurgaban bajo mi vientre, tanteando, tocando lo que buscabas, sintiendo el calor... el calor de mi pene en tus dedos, jugueteando con él, junto al tuyo. Jamás en mi vida había estado tan excitado, y jamás mi pene estuvo tan despierto, anhelante de algún cuerpo. Tu cuerpo.
No te conocía bien, de hecho, no te conocía en lo absoluto, pero al alma hay que darle lo que pide, y tú eras en ese instante mi máxima necesidad. El calor de tu miembro aceleraba las pulsaciones en el mío. Continuamos jugueteando un rato con ellos, casi independientes en su fervor, superando incluso el nuestro. Eso, sin dejar de tocarnos cada centímetro, cada milímetro de nuestros húmedos cuerpos.
La regadera expulsaba agua fría, sí, pero el calor que expulsábamos tú y yo era como para saturar el instante. Yo no sentía el agua, te sentía era a ti, tus labios, tu abdomen, tu pene, tus piernas, tus manos, tu alma.
Tú me sentías a mí, sentías mi ser, pero tu necesidad prioritaria en ese momento ya era sentir el calor, sabor, y textura de mi miembro en tus labios, sentirlo en tu boca. Poco a poco fuiste bajando, eso sí, besando cada zona de mi cuerpo que tu boca y tu lengua visitaba: mi cuello, mi pecho, mi pubis... cuando llegaste frente a frente a mi pene, lo tomaste con tus manos y dejaste que tu lengua se acercara poco a poco.
Echaste un vistazo a mi cara y observaste el deseo implícito en mi mirada. Yo quería que lo hicieras. Pasaste tu lengua por mi pene, desde la punta hasta la base, una y otra vez, sin dejar un centímetro por probar. En mi excitación, te agarré del cabello, tiré hacia atrás tu cabeza, para que tu rostro quedara viendo hacia arriba, hacia mí nuevamente... me gustabas, era definitivo...
Tus ojos me pedían a gritos que te dejara hacer lo que esperabas hacer. Lentamente aflojé mi mano y te solté, pero te quedaste mirándome, un segundo, un minuto, dos minutos... las miradas se comunicaban: "¿Estás listo?"... "Sí!"...
Bajaste la cara, volviste a estar frente a mi pene, tocaste su punta con la punta de tu nariz, luego abriste la boca y, lentamente, fuiste introduciéndolo en ella. La cerraste poco a poco y tu lengua comenzó a jugar con él adentro. Querías probarlo todo; tu excitación y deseo de sentirlo era inmenso. Te retiraste un poco y empezaste a hacer un movimiento de vaivén lento. Después lo hiciste más rápido, y así, mi pene se iba metiendo más y más en tu boca.
Te lo sacaste todo y lo agarraste con las manos, bajaste un poco para sentir y lamer con cuidado mis testículos, jugando con ellos. Pero sin dudar, volviste de nuevo al pene y, de manera brusca, lo introdujiste todo en tu boca, y me tomaste de las piernas para q yo hiciera el movimiento, y tú sólo te encargaras de disfrutar.

Encuentros pt.1

Nadie tenía por qué enterarse que estábamos allí, total, era una fiesta algo "alocada" y cada quien andaba perdido en su propio universo.
Nadie tendría razón para reparar en ese baño.
Tú entraste para despejar tu mente bajo el agua fría de la regadera, y yo, por el simple hecho de querer seguirte.
Había algo que me atraía de tí desde un principio, y quería averiguar qué era.
No sé si "incómodo" sería la palabra adecuada para definir el momento en que cerré la puerta del baño con seguro y nuestras miradas se cruzaron.
¿Era esto un pacto silente, hecho al instante de conocernos minutos atrás?, no lo sabía, pero no era normal la situación,
aunque tú parecías satisfecho por algo.
Yo sólo te miraba. Me diste la espalda y comenzaste a quitarte la ropa, así, naturalmente, como si no hubiera nadie más que tú en aquel lugar.
Me acerqué a tí, pero una mirada fugaz me hizo parar en seco, pero luego seguí... y entramos en la regadera.
Yo estaba totalmente vestido, mientras tu desnudez estaba incompleta por un boxer.
Abriste la regadera, volteaste hacia mí, te acercaste con firmeza y me fuiste quitando la ropa,
ya algo mojada por el rocío de la ducha y por un sudor frío que recorría mi cuerpo hacía rato ya. Me besabas mientras tanto, y yo daba alguna resistencia,
por pudor intrínseco supongo, pero así lograste quitarme la camisa al momento que yo te daba la espalda para hacerte, por fin, más fácil el trabajo.
Nunca supe cómo, pero te quitaste el boxer y desaparecio de la regadera. Las puntas de tus dedos rozaban mi espalda, convidándome a voltearme,
haciéndome sentir cosquillas. Mi pantalón estaba sin correa ya, desabrochado ya, y yo, sintiendo todo aquello, sucumbí al deseo,
me volteé, tomé tus caderas, y te acerqué hacia mí, colocando nuestras bocas a solo milímetros de distancia.
Rozamos nuestros labios, sin besarnos, para que el deseo se hiciera mayor. Tus manos, desde mi pecho, empezaron a bajar, buscando la manera de bajar mi bragueta para quitar ese estorbo de tela que no te permitía tocar todo mi cuerpo.
Yo te miraba profundamente, dejándome llevar por esos sentimientos de deseo.
Y así fue... Lograste quitarme los pantalones y, sin pena ni pericia, lograste bajar mi ropa interior. Nuestro cuerpos estaban desnudos, frente a frente,
y el deseo y placer fueron mayores, y el beso que vino después fue tan intenso y profundo que ambos caímos en ese pozo sin fin.
El deseo venció al pudor, y las bocas se comieron las almas. Las manos exploraron lo inexplorable de cada cuerpo. Lo intangible se volvió tangible
y ya no existieron más territorios vírgenes para nosotros.
De repente, tomé tu cara y la alejé un poco para vernos los rostros; era un éxtasis incompleto. Faltaba algo en esa inmensidad... y entonces ocurrió...

J y E

jueves, 17 de febrero de 2011

Te di

Te di todo lo que me pediste y aun asi considero que no fue suficiente.
Te di horas de mi vida para que lo borraras todo en un minuto.
Te di las sonrisas de mis dias y ahora tu te encargas de borrarlas.
Te di la confianza para entregarte parte de mi corazon y ahora solo quiero que me lo devuelvas.
Te di la paciencia que querias y ahora solo quieres salir del paso.
Te di la oportunidad de tener un mundo diferente con alguien diferente y tu...simplemente no sabes que hacer.
Te di...todo...o casi todo...y aun asi quiero saber que hice mal para que tu no estes aqui conmigo.
KatheDcita

Si...

Si todo fuese fácil, la vida no te retara constantemente.
Si hubiese mas humildad en los actos de los seres humanos, el mundo seria un poquito mas diferente.
Si conocieras el mundo interior de los pensamientos ajenos,te mofarías de ellos y actuarias hipocritamente solo para intentar entender sus problemas.
¿Te gustaría saber que piensan de ti entre murmullos o entre momentos de soledad?.
¿Vives solo para avanzar y no para conocerte mas?.
Los prejuicios los creas tu mismo por el miedo al que dirán de ti.
Cambia tu modo de pensar como cambias de ropa interior para que no siempre sea apestosa siempre, de resto haz bien para conseguir lo mejor.
KatheDcita